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Turismo para todos
José Luis Fernández Iglesias. Periodista
La accesibilidad es una concatenación de accesibilidades dónde no sirve de nada tener una playa con un entorno libre de barreras.....
Llegó el estío, y por tanto el calor, el relajo, los bronceados,... y las vacaciones. Un descanso fuera del hogar habitual, que cada uno organizará según sus necesidades, sus gustos y sus posibles. Aunque, desgraciadamente, no todos podrán hacerlo así. Habrá gente que estará agotada después de un año trabajando, le gustará la playa o la montaña y tendrá dinero, pero no podrá ir al lugar deseado porque las condiciones de accesibilidad de muchas zonas de España no están preparadas para recibir turistas con discapacidad. Y esto lo digo sabedor de los esfuerzos que en estos últimos años se están haciendo en algunas zonas costeras y rurales de este país para ir adaptando poco a poco sus instalaciones.
Pero hay que entender que la accesibilidad es una concatenación de accesibilidades donde no sirve de nada tener una playa con un entorno libre de barreras, una plataforma de madera que llegue al borde del agua, una silla de ruedas y una muleta acuáticas, y un equipo de la Cruz Roja para ayudarte en el baño, si en 20 kilómetros a la redonda no hay un establecimiento hotelero con algo más que una rampa en la entrada. Es evidente que en este país se necesita mentalizar a nuestros empresarios turísticos sobre la necesidad de hacer accesibles, tanto arquitectónicamente como en el ámbito de la comunicación, sus establecimientos. Pero no porque lo diga la ley o porque se vean obligados por cualquier otro motivo, sino convencidos porque la accesibilidad es un elemento más de calidad; por dar una buena imagen de nuestra primera industria nacional; porque pueden perder una potencial clientela de más de 3.500.000 de españoles con discapacidad más sus familias; porque, después de la entrada de los nuevos países en la Unión Europea , hay más de 50 millones de europeos con discapacidad, una buena parte de ellos mayores de 64 años, que pueden venir a disfrutar de este maravilloso país en temporada alta o baja; y porque la imagen de un establecimiento hotelero o de un restaurante que es sensible a las necesidades de los discapacitados, no puede más que favorecerle.
Como en tantos otros asuntos estamos empezando y habrá que trabajar duro. Necesitaremos algo más que la complicidad de las administraciones públicas y de los empresarios del sector. La implicación de las primeras es imprescindible y la claridad de ideas de los segundos fundamental. Lo que no debe de quedar ninguna duda, es que conseguir la categoría de turistas para las personas con discapacidad es un objetivo irrenunciable.
José Luis Fernández Iglesias Periodista
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